Una cinta policial de plástico cercando el lugar y tras ella un cuerpo, tapado de manera grotesca con una de esas infames mantas térmicas de color chillón que asemejan papel albal, como si envolviera un mísero bocadillo de tortilla. Un policía municipal aburrido con cara de circunstancias y tres o cuatro mirones sin entusiasmo para acercarse demasiado. Decora el conjunto un cúmulo de rastrojos y basura acumulados por el viento junto a la cabeza del cadáver.
Paso al lado sin apenas darme cuenta hasta que casi lo tengo encima. Sólo sobresale bajo la manta un brazo pálido y arrugado, de un anciano. Ni tan siquiera me pregunto si es hombre o mujer, o si ha muerto de manera natural, accidental o violenta. Sigo mi camino con una sensación de escena cotidiana completamente absurda. Mañana en los periódicos seguramente pondrán nombre y apellidos a esta muerte anónima.
Paso al lado sin apenas darme cuenta hasta que casi lo tengo encima. Sólo sobresale bajo la manta un brazo pálido y arrugado, de un anciano. Ni tan siquiera me pregunto si es hombre o mujer, o si ha muerto de manera natural, accidental o violenta. Sigo mi camino con una sensación de escena cotidiana completamente absurda. Mañana en los periódicos seguramente pondrán nombre y apellidos a esta muerte anónima.


No hay comentarios:
Publicar un comentario