martes, 13 de diciembre de 2011

Soy

Qué estudiamos. La música que escuchamos. Dónde trabajamos. Los amigos que tenemos. La ropa que vestimos. La familia que nos toca. Nuestras películas favoritas. Las fotos de la pared (o del cajón). El libro que llevamos en la mochila. El corte de pelo. Las páginas porno que consultamos. Twitter, Facebook o Tuenti. Los novios y las novias. La telenovela a la que nos enganchamos de manera inconfesable. Los pósters de nuestro cuarto. La suscripción a la revista de National Geographic. El plato que comeríamos hasta reventar. Y así hasta que os canséis. ¿Define eso lo que somos?

Es evidente que somos muchísimo más que todo eso. Pero no es menos cierto que también somos todo eso. No podemos eludirlo aunque queramos. Sea de manera voluntaria o no, nos adjetiva sin remisión. Sería negar parte de nuestra existencia, como ignorar la presencia física de nuestro brazo derecho.

Sin embargo, no quisiera dejarme llevar por la inercia y caer en la manida expresión orteguiana. Porque hoy por hoy la ecuanimidad sólo es una preciosa palabra en el diccionario de la RAE y las relaciones sociales parecen cada vez más ejercicios de taxonomía. Y por mucho que nos empeñemos, en esa ecuación el “yo” nunca aparece.

Porque no somos maniquíes cubiertos con post-it de la cabeza a los pies, a la espera de que un iluminado seleccione unos cuantos (ya sea con cierto esmero o por la depurada fórmula “a escoger y revolver”), nos asigne una categoría por afinidad y nos siente en un casillero para no movernos más.

Sí, soy licenciado en Historia del Arte. Soy fan de Pink Floyd. Soy el mayor de dos hermanos. Soy hipermétrope y astigmático. Soy Hatman. Soy Fefe. Soy Fernando. Soy yo. Y no se lo que seré. No puedo ser tú. Pero me gustaría ser contigo.

sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Y por qué no?

Desconozco la razón que me ha traído hasta aquí, pero después de tanto tiempo me he descubierto releyendo la última nota distraído, como quien hojea el periódico dominical mientras mordisquea la tostada del desayuno. Aunque, bien pensado, semejaba más un ejercicio de necrofilia recreativa. Como si a falta de mayor entretenimiento abrieras un ataúd y te dedicases a contar los empastes de las muelas del cadáver o a adivinar el color del traje con que le enterraron. Sólo por pasar el rato.
Y sin embargo reconozco que hay frases que pudiera haberlas escrito hoy mismo. Casi da reparo pasar los dedos sobre ellas por miedo a manchártelos de tinta. Debería llamar al embalsamador para darle una buena propina. Hay que reconocer que hizo bien su trabajo.
¿Cuáles son?, ¿cuánto de aquello he cumplido? Tal vez alguien, tras tantos meses de desvelos, consumido por la espera, angustiado por la falta de noticias sobre mi persona, quiera saberlo. Supongo que será el mismo que se pregunte por qué he vuelto a escribir y si voy a dejar que el muerto tome el sol una temporada o esto no es más que un beso de buenas noches antes de devolverle al sueño de los justos.
Porque a lo mejor en los psiquiátricos también tienen acceso a internet. Quién sabe.

martes, 24 de marzo de 2009

No voy a...

… contar por qué llevo tanto tiempo sin escribir. Resultaría entre simple y ridículo.

… dejar de fumar. Probablemente deje mucho antes de beber.

… preguntar lo que realmente no quiero saber. Bendita ignorancia.

… responder si la pregunta no va dirigida a mí. Seguramente no tengo la respuesta adecuada.

… dar mi opinión si no me la piden. No siempre es necesario dar mi punto de vista.

… mentir si me la piden. Ya que interesa, ha de ser sincera.

… ser dolorosamente sincero. La crudeza no siempre es el mejor camino hacia el consenso.

… hablar si realmente no tengo nada que decir. El silencio es un privilegio infravalorado.

… volver a llamarte. Tengo más conversación con los contestadores automáticos.

… escuchar la misma historia una y otra vez. Ni tengo problemas de oído ni de memoria.

… explicar una y otra vez la misma historia. Tampoco el resto los tiene, aunque no lo parezca.

… ahorrarme un saludo con nadie. La indiferencia no está reñida con la educación.

… discutir si soy borde o soy cortés. Que dé la mano no conlleva derechos sobre mi brazo.

… hacer lo que no quiera hacer. Siempre que no implique desatender mis obligaciones.

… ir donde no quiera ir. Las piernas son mías y yo elijo por dónde caminan.

… estar con quien no quiero/debo estar. Siempre y cuando esté en mi mano elegir.

… compartir mi vida con quien no la comparte. Que cada palo aguante su vela.

… buscar el amor desesperadamente. Ya decidirá si nos encontramos algún día.

… abandonar a mis amigos. Espero que ellos tampoco a mí.

… justificarme ante quien no debo. Basta con hacerlo ante quien se lo ha ganado.

… creer que soy el ombligo del mundo. Me llenaría de pelusas demasiado rápido.

… creer que tú lo eres. Ni por asomo te acercas.

… perder mi tiempo. Y si lo pierdo, yo elijo cómo y en qué.

… pensar en el qué dirán. A quien no le guste, que mire hacia otro lado.

… llorar más sin motivo. Prefiero reírme hasta de mi propia sombra.

… luchar en batallas perdidas. Sería como si Napoleón repitiera una y otra vez Waterloo.

… ser abogado del diablo. Ya tiene a los mejores en nómina.

… impedir a nadie que caiga. Si me importa, ya me esforzaré en levantarle.

… poner la zancadilla a nadie. Que se caiga por su propio peso.

… darlo todo sin recibir nada a cambio. Tengo el carnet de tonto, pero ejerzo lo menos posible.

… dejar de equivocarme. Trataré de llevar el casco puesto para minimizar los daños.

… dejar de luchar por ser feliz. Sería abandonar mi única meta en la vida.

… dejar de soñar despierto. La realidad suele encargarse de compensarlo con pesadillas.


No voy a cumplir todo lo que he escrito. Lo que pueda bien está y lo que no, al carajo con ello.

No se puede negar que tampoco he prometido cumplirlo.

No voy a negar que me encantaría hacerlo.

lunes, 13 de octubre de 2008

Ocupen su localidad

"Si resuelves que me absuelves,/cuando vuelvas, si es que vuelves,/quizá vuelva yo,/si vuelvo,/si resuelvo que te absuelvo,/no digo que no."
Javier Krahe, "Año y medio", Querencias y Extravíos.

"Nobody gonna take my head I got speed inside my brain/Nobody gonna steal my head now that I'm on the road again/Oh, I'm in heaven again I've got everything/Like a moving ground, throttle control and everything"
Deep Purple, "Highway Star", Made in Japan.

"Harto de ser lo que se espera./Harto del bien y del mal,/de descubrir el pastel/y no escuchar más que sandeces..."
Rosendo, "Harto", El Endémico Embustero y El Incauto Pertinaz.


"Freedom is only a hallucination/that waits at the edge of the places you go when you dream..."
Anathema, "Pulled Under 2000 Metres a Second", A Natural Disaster.

"Tenemos proyectos que se marchitaron,/crímenes perfectos que no cometimos,/retratos de novias que nos olvidaron/y un alma en oferta que nunca vendimos."
Joaquín Sabina, "Más de cien mentiras", Esta Boca es Mía.

"I know someday you'll have a beautiful life/I know you'll be a star/in somebody else's sky/but why can't it be mine..."
Pearl Jam, "Black", Ten.

"Pelea por lo que quieres/y no desesperes/si algo no anda bien./Hoy puede ser un gran día/y mañana también"
Joan Manuel Serrat, "Hoy puede ser un gran día", En Tránsito.

Cada día una canción y una canción para cada día. Una canción para cada estado de ánimo. Hoy blanco, mañana negro, pasado verde pistacho. Porque no me entiendo ni yo la mitad de los días, ni falta que me hace. Y qué más da el idioma, si lo que importa es lo que transmite. Y no pongo el año porque no me da la gana. Porque la buena música no entiende de fechas. Porque me da igual Chopin que Thin Lizzy o que Sabina.
Es bueno arrancar, echar a rodar, aunque en la noria unos días toque estar arriba mirando el paisaje y otros bien abajo tragando asfalto. Y si el rumbo es bueno mejor, aunque igual toca retroceder. Si es que vuelves. Quizá vuelva yo, si vuelvo, si resuelvo que te absuelvo... no digo que no. Quien me entienda que me compre, qué carajo.


domingo, 14 de septiembre de 2008

Momento cero

Soy dos ojeras en pijama frente a la pantalla del ordenador. Un sándwich mixto y una cocacola en el estómago. Las colillas y el humo que flota en mi habitacion. La radio que suena de fondo llenando un silencio incómodo. La tos y el ruido del teclado de mi hermano a través de una pared. La pesadez de mi cuerpo pidiendo a gritos más horas de cama. Y nada más.
Hoy soy vacío y sin embargo tiempo lleno. La intensidad de las últimas 72 horas no es suficiente. El cuerpo experimenta sensaciones de haber vivido algo de lo que parece no quedar rastro en mi mente. Como un autómata.
Hoy quiero subirme a un tren sin rumbo fijo. Acurrucarme en el asiento y mirar por la ventanilla durante horas. Algo caliente y una charla amistosa allá donde llegue. Un jergón donde dormir sin saber exactamente qué me deparará el día siguiente.
No es un mal momento, ni tampoco bueno. Tan solo es un momento cero, en el que nada inclina la balanza hacia la felicidad o la tristeza. Hoy el fiel señala el cero porque no hay nada que colocar en los platillos. Pero tal vez mañana las ojeras se verán de otra manera en el espejo y esto será sólo una sensación pasajera. O tal vez no.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Filmoteca particular


Título: "1997: Rescate en Nueva York"
Año: 1981
Duración: 94 min
Director: John Carpenter
Protagonistas: Kurt Russell y Lee Van Cleef (el resto... comparsa)
Frase más repetida: "¿Plissken el Serpiente?... creí que habías muerto?"

Argumento:
Debido al crecimiento del crimen, la isla de Manhattan se ha convertido en una macrocárcel en la que los criminales han creado su propia organización social, sabedores de que una vez que entran jamás volverán a salir de ella. Un antiguo héroe de guerra, ahora futuro convicto de la cárcel, Plissken el Serpiente (Kurt Russell) debe rescatar al presidente de los Estados Unidos, cuyo avión ha sido estrellado en la isla por un grupo terrorista, a cambio de su libertad.

Crítica:
El guión de la película no esconde grandes sorpresas. Una especie de visión de Nueva York post-apocalíptica (a la manera ochentera/pseudopunki, eso sí), un héroe, un "jefe" capullo (Lee Van Cleef) y un presidente al que salvar. El eje de la película se soporta pricipalmente sobre la actuación de Kurt Russell y sus peripecias, y algunos "intercambios de opiniones" con Lee Van Cleef, al que se me hace complicado verle sin el sombrero y las espuelas y con tanto texto. El personaje del presidente es el de un pelele bufonesco que salvo un minuto en toda la película, dan ganas de echarse a llorar, aunque tiene ese contrapunto de mofa a la institución presidencial que da que pensar.
Lo mejor de la película, a mi parecer, es la ambientación y la presentación de los diferentes "clanes" y sus zonas de dominio, dentro de una sociedad creada de la nada por criminales que aprovechan los recursos que tienen dentro de la isla, en ocasiones de manera bastante original. El papel de Kurt Russell es de los que me gustan: un tipo duro que sólo busca cumplir su encargo y seguir con su vida, de pocas palabras, tendente al sarcasmo y perennemente cabreado (aunque yo también lo estaría si se pasasen toda la película diciéndome que me creían muerto, ¿no?).
Algunos puntos flojos de la película son la excesiva velocidad con la que resuelve algunas situaciones, el poco desarrollo que da a la descripión de la infrasociedad y su organización, dejándolo en unas interesantes pero muy breves pinceladas, y el escaso contrapeso que ofrecen los personajes secundarios, incluído el "malo", al papel del héroe.
Habría que preguntarse qué se había metido el señor Carpenter aquel día para plantear esa visión futurista/catastrofista tan solo 16 años después del rodaje, pero está claro que la historia bebe directamente de una película de serie B llamada "Nueva York, año 2012. El último guerrero", filmada 6 años antes (aunque en esta al menos se preocuparon de plantear el "futuro" con más años de diferencia) y que cuenta con una ambientación similar y una base argumental coincidente (héroe solitario se enfrenta al mundo). Si bien tienen aproximadamente la misma duración, la versión moderna resulta bastante más dinámica y atractiva, aunque carece del gusto de las películas de serie B de los 70 (esos adorados "The Warriors") y su desarrollo de la historia y de la ambientación es bastante más simplista.

Conclusión:
Resulta una película treméndamente entretenida si te gusta el género y no le pides más de lo que ofrece, fantástica para animar una noche de sábado post-resaca con pizza y palomitas. Si te quedas con ganas de más, tiene una secuela llamada "2013: Rescate en L.A.", rodada 15 años después y con una línea argumental prácticamente calcada, aunque sin ese punto ochentero de la original. Ambas dos son la pesadilla de cualquier cinéfilo pedante, amante del cine iraní en versión original subtitulada. Pero es que a esos sí que habría que denominarlos "criminales peligrosos" y encerralos en una isla sin posibilidad de salir de ella.

P.D.: Sé que tras esta crítica he perdido todo atractivo para el público general y el sexo femenino en particular, pero si alguien no me ha repudiado aún y quiere tener algún día un detalle conmigo, puede dejarse caer con una copia en DVD de "Nueva York. Año 2012" o en su defecto con la de "2013...". Será ampliamente recompensado con mi afecto y litros de cerveza. Ahí queda.

miércoles, 20 de agosto de 2008

As time goes by

"Y, de ese modo, transcurrió todo un mes. Porque un mes, en verdad, pasa en un abrir y cerrar de ojos. No logro recordar qué diablos estuve haciendo durante todo ese tiempo. Me da la impresión de que hice muchas cosas y, a la vez, de que no hice nada. Yo no me di cuenta de que había transcurrido hasta que el mes llegó a su fin y vino el cobrador del periódico.
Sí, en efecto. La vida es así."

MURAKAMI, H.: "Un día perfecto para los canguros", Sauce ciego, mujer dormida.

En este breve párrafo encontré por sorpresa el mejor resumen de lo que viene siendo mi vida desde hace tiempo (sustituyamos al cobrador del periódico por el abono transportes y será perfecto). Tan pronto se me escurre de las manos como arena de playa como forma un nudo en mi garganta que he de ayudar a pasar a grandes tragos. Es esa extraña obsesión que tengo con el paso del tiempo y sus caprichos. Pero como casi todo el mundo, supongo. Hasta Sam en Casablanca cantaba aquello de as time goes by.
Lo asombrosamente delicioso es que la encuentre perfectamente descrita en este pequeño fragmento de un cuento del japonés Haruki Murakami. Sobre todo si tenemos en cuenta que la concepción del paso del tiempo y de la vida que tradicionalmente ha tenido la cultura oriental, difiere con mucho de la que compartimos en occidente.
Eso me hace pensar, al menos para pasar el rato, si realmente no seré un japonés encerrado en el cuerpo de un español. Pero aunque eso explicaría muchas cosas, por mucho que me esfuerce en darle un toque exótico me temo que lo que soy es raro a secas. Lo que es seguro es que algún otro fragmento de los cuentos de Murakami terminará apareciendo por aquí.
Y si no, al tiempo.
 
Creative Commons License
This obra by Hatman is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 España License.